En invierno,
el jardín de AROMAS, va cambiando día a día su paisaje interior, acorde al
clima regional. En un jardín silvestre la estación invernal no entra en reposo
absoluto e inerte, sino que respeta su ciclo natural en un reposo vital de descanso
y renovación del suelo, manteniendo las hojas caídas que lo protegen, que son, además, recursos disponibles para la fauna local;
con escasísima poda para protección ante los fríos intensos, heladas o nieve;
conservando frutos y semillas para alimento de las aves y para siembra
espontánea.
Todo está en
armonía y colaboración mutua entre la flora y la fauna, con una mínima intervención
del jardinero. Las especies autóctonas atraen insectos, algunas albergan larvas,
y son hospederas de mariposas; entre la hojarasca y el mantillo también puede
haber más insectos y larvas. Las aves necesitan de ellos para su dieta. Algunas
son migratorias y no visitan el jardín en invierno, y las que permanecen durante
todo el año no parecen simples visitantes, sino habitantes del lugar: hay
refugio, posaderos seguros, agua y alimento.
En plena estación invernal encontramos árboles y arbustos de hojas caducas, que cubren el suelo, mostrando sus ramas libres, sean autóctonos o exóticos; mientras los de hojas perennes conservan su follaje. Allí observamos la principal característica de un paisaje de invierno.








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